(Fuente: frangidi, vía d-e-l-a-r-c-o-i-r-i-s)
(Fuente: sparkle-and-rain, vía d-e-l-a-r-c-o-i-r-i-s)

Y pronto empezaste a ser un recuerdo,
y NADA de lo que me gusta extrañar.
En todos nosotros se queda un pedacito tuyo
serás inspiración multiplicada por millares
a lo largo de los años
y lo ancho de las geografías
Cambiaste nuestras vidas
abriendole camino a la imaginación
cantándole salvaje o dulcemente
a los misterios que nos habitan
al misterio que somos
Adiós
No me resigno a tener que decirlo
Adiós
mensajero del infinito
No dije una frase
De más ni de menos, que recuerde yo:
Nadie tiene la culpa de que el tiempo pase,
Y el tiempo pasó.
Y fuiste el fantasma de un amor lejano,
La sombra de un beso que nunca olvidé;
Pero sé que un día te tendí la mano,
Y sé que me heriste, sin decir por qué.
Fue injusta la herida,
Y era dolorosa, pero sonreí:
La vida que pasa no es toda la vida,
Y seguí viviendo mi vida sin ti.
Días, meses, años; buena y mala suerte,
Lluvia en la calle, pasos al azar…
Y hoy te vi pasar.
Y aunque debo odiarte por la herida aquella,
Y porque me heriste yo no sé por qué,
Te encontré tan bella, tan bella, tan bella
Que te perdoné.
(Fuente: adecenthumanbeing)
Se deja de querer, y no se sabe por qué se deja de querer.
Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.
Se deja de querer, y es como un río
cuya corriente fresca ya no calma la sed;
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.
Se deja de querer, y es como el ciego
que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;
o como quien despierta recordando un camino,
pero ya sólo sabe que regresó por él.
Se deja de querer como quien deja
de andar por una calle, sin razón, sin saber;
y es hallar un diamante brillando en el rocío,
y que, al recogerlo, se evapore también.
Se deja de querer, y es como un viaje
destinado a la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento deshoje la flor en el mantel.
Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Se deja de querer, y es como un libro
que, aún abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
y es como la sortija que se quitó del dedo,
y sólo así supimos que se marcó en la piel
Se deja de querer y no se sabe
por qué se deja de querer…
(Fuente: adecenthumanbeing)